Es habitual que el diseñador y el maquetador sean la misma persona. Es decir, ambas tareas sean desarrolladas por un solo profesional.
La estética que tendrá que el libro, la definición de la tipografía que se utilizará, de los niveles de jerarquía de la información, incluidos los estilos de párrafos, corresponden al ámbito del diseñador, no del maquetador. A este le corresponde la aplicación de las directrices del diseño y la ejecución de la maqueta propuesta por el diseñador.
La tarea del maquetador es componer el contenido sobre las páginas de acuerdo a lo estipulado por el diseño. Y hacer que esa composición posea lógica y armonía editorial.
La comodida que tenga el lector al momento de enfrentar una obra, es en si fruto de estas tareas.
Las claves de una maquetación profesional: debe ser imperceptible y ofrecer legibilidad al contenido y fluidez al texto para que la experiencia lectora sea placentera y no se distraiga.
Por el contrario, una maquetación no profesional se evidencia rápidamente de una u otra forma. Para quienes trabajamos en la edición de libros, tras observar una publicación, resulta fácil identificar por qué está mal maquetada.
Por su parte, el lector no avezado en estas artes también nota “algo raro” o “molesto”. Se da cuenta que algo dificulta la lectura. Aunque no sepa cuál es el elemento o el factor que le estorba el lector reconoce que algo no habitual sucede en esas páginas.
Es el servicio editorial en el que un profesional se encarga de poner en página los contenidos (texto, gráficos, tablas imágenes, etc.).
Se trata de colocar el material que el autor le entrega en un archivo de InDesign ( programa profesional destinado a generar los archivos de imrpesion) ya creado y con un diseño prefijado.
Este archivo máster debe tener características ya establecidas.
Por ejemplo, debe tener configurados todos los estilos (de párrafo, de carácter, de objeto, de tablas, etc.). También las distintas páginas maestras y capas, las muestras de colores a utilizar, etc.
El maquetador dispone y coloca el material en bruto, siguiendo unas determinadas pautas dadas por el escritor y fijadas en el archivo máster.
El maquetista, en este servicio, no tiene que “pensar” la publicación ni hacer y/o influir en el diseño de la misma.
Esto ya viene determinado por el archivo máster y las consignas que el editor, o la linea editorial ya lo determine.
Es el proceso por el cual un profesional o grupo de profesionales conciben y proyectan la comunicación visual de una publicación; llevan adelante lo que se conoce como diseño editorial.
En este punto se imagina, se inventa, se discute y se decide todo lo relativo a la arquitectura de la publicación.

Es decir, el tamaño, los márgenes, las columnas y la retícula del libro; las tipografías para los diferentes niveles de texto y su cuerpo.
También se conciben los colores para los textos y los elementos gráficos, y su forma de aplicación; el tamaño y la disposición de los elementos gráficos en la página, y unos etcéteras más.
En este punto es donde se hace el archivo máster de la publicación, y puede que el diseñador no sea quien maquete los contenidos.
En algunas empresas editoras hay departamentos separados para diseño y para maquetación. O bien se encarga el diseño de la publicación a un profesional o estudio externo y la maquetación a otro. Son tareas relacionadas y compatibles, pero también perfectamente separables.
Y pensar un diseño lleva tiempo si se quiere hacer acorde y exclusivo para un determinado contenido; a menos que se recurra a plantillas prediseñadas.
Es necesario pensar el diseño de las páginas con visión de doble página.
Esto es, que deben considerarse las dos páginas, la izquierda al lado de la derecha, sobre todo para establecer los márgenes y ubicar el folio explicativo y la numeración de página.
Pensar en doble página evitará problemas de espacio para la encuadernación y además otorga unidad visual a la publicación.
Existen varios sistemas por los cuales se establece una retícula para un libro. Este trabajo consiste en definir en tamaño de los márgenes y el espacio resultante para la caja de texto.
Algunos de estos sistemas para establecer la retícula son el diagrama de Villard de Honnecourt, el esquema de Paul Renner, el esquema de Raúl Rosaviro, la divina proporción o sección áurea, etc.
Una alternativa sencilla es utilizar una retícula con proporciones consistentes de formato y caja de texto.
Esto es: crear el espacio de la caja de texto en el centro de la página. Y mover ligeramente esta caja hacia arriba y hacia afuera en ambos folios.
De esta forma, el margen exterior es más pequeño que el interior (encuadernación) y el margen inferior posee más espacio para ubicar el número de página.
En InDesign se distinguen dos cuadrículas, una base y otra del documento. Es fundamental utilizar la cuadrícula o rejilla base para que las páginas encajen visualmente de manera armoniosa. Y, sobre todo, para que no queden las líneas de una página desniveladas respecto a la otra.
La cuadrícula simula los reglones de un cuaderno y sobre cada línea se asientan los tipos. Todas las páginas de un libro deben tener la misma cantidad de renglones y estar situados a la misma altura. Es decir, deben tener la misma caja tipográfica.
En Word no existe una función como la de InDesign, por lo que la rejilla base dependerá de la maestría del maquetador.
Todas las páginas deben “cerrar” en la última línea base de la cuadrícula.
No es propio de una maquetación profesional que algunas páginas terminen una o dos líneas por encima de esta línea base; independientemente de si se maqueta en Word o en InDesign.
Esto significa que todas las páginas tendrán la misma cantidad de renglones o líneas. Y todos deben utilizarse a menos que se trate del final de un capítulo.

Dos fenómenos tipográficos que enrarecen la lectura. Generando uan incomodidad tanto sensitiva como cognitiva. En algunos caso suele hasta distorcionar el sentido de los textos al generar una falsa sensacion de jerarquia en titulos o subtitulos. Se trata de lineas mal compensadas, cortes de parrafo que distraen el concepto de maquetacion a pagina abierta.
Las viudas y huérfanas harán que no todas las páginas cierren perfectamente en la última línea base. Aquí es donde la pericia del maquetador se demuestra al solventar el problema.
Y podrá hacerlo, entre otros recursos, gracias a la separación de palabras, la gestión del tracking de los párrafos o el uso de la justificación vertical de la caja de texto.