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El √ļltimo canto del tenor
El crimen de un tenor lírico en su casa despierta la sospecha de tres personas que se cubren entre sí creyéndose asesinos entre ellos mismos. Pero la verdad develará que nada es lo que parece.

un Cuento de
Zas Gabriel Marcelo



Se escucharon dos golpes secos en nuestra puerta. Nuestro invitado debía haber llegado. Dortmund se levantó apresuradamente de su silla y de un salto, corrió a abrir. Abrió y sus ojos coincidieron con los del capitán Riestra. Nuestro amigo de la Policía Federal entró, nos saludó formalmente y se sentó tras una indirecta del inspector.

_ ¬ŅQuiere beber algo, capit√°n Riestra?_ lo invit√≥ mi amigo, cort√©smente.

_ No, le agradezco, Dortmund_ declinó con la misma cortesía la invitación, Riestra.

_ ¬ŅHa venido a consultarme sobre alg√ļn caso en particular?

El capitán se mostró de repente sumamente preocupado, subsumido por una incertidumbre que lo atormentaba gravemente. Dortmund lo advirtió y adquirió una actitud benevolente para con nuestro amigo.

_ Puede hablar con total franqueza, capit√°n Riestra_ le dijo Dortmund.

_ Lo s√©_ repuso el aludido, afligido._ Siempre es bueno contar con usted. Y en estas circunstancias, considero que es la √ļnica persona que puede ayudarme.

_ A su disposición. Si es tan amable de ponerme al tanto de los pormenores del incidente...

_ Antes que nada, debe saber que es un asunto bastante delicado. Bueno, ¬Ņqu√© homicidio no lo es? Pero este caso en concreto reviste un inter√©s por fuera de lo particular. No s√© si en estos a√Īos de conocernos les he mencionado alguna vez que tengo una hermana.

Dortmund y yo negamos con la cabeza.

_ Bien_ continu√≥ Riestra._ Se llama Carina Riestra. Es dos a√Īos menor que yo. Hace cinco a√Īos atr√°s se cas√≥ en secreto con Abel Luro. Es un buen tipo. Algo antip√°tico y egoc√©ntrico, pero una excelente persona. Ama mucho a mi hermana y eso es lo que importa. Ella es muy feliz con √©l...

Hizo una pausa abrupta. Y agregó en tono más grave y apesadumbrado.

_ Mejor dicho, era muy feliz con él.

Con Dortmund, intercambiamos una mirada muy significativa e insinuante.

_ ¬ŅPor qu√© dice era, capit√°n Riestra?_ inquiri√≥ Sean Dortmund con mucho inter√©s y mucha cordialidad._ ¬ŅQu√© sucedi√≥?

_ Lo mataron hoy a la ma√Īana clav√°ndole un punz√≥n en la nuca, dentro de su propio estudio, que est√° en la casa que compart√≠a con Carina.

_ Eso es serio, capitán Riestra_ opiné.

_ Todav√≠a no cont√© la peor parte, se√Īores. Mi hermana se responsabiliza por el hecho. Sus palabras textuales ante el inspector que respondi√≥ al llamado al 911 fueron: "Est√°bamos discutiendo en su estudio. En un ataque de rabia, la situaci√≥n se descontrol√≥, y entonces, tom√© la pistola y le dispar√©. Entr√© en p√°nico y me qued√© paralizada. Y cuando reaccion√©, ustedes llegaron".

_ ¬ŅDijo que le dispar√≥ con una pistola?_ pregunt√© asombrado.

_ S√≠, doctor. Pero el forense constat√≥ que el arma homicida fue un fino punz√≥n que estaba apoyado en el escritorio de mi cu√Īado. Dir√≠a que fue un arma de ocasi√≥n. Eso coincide con el ataque de furia de momento que manifest√≥ mi hermana en su declaraci√≥n, pero se opone tajantemente al m√©todo utilizado para darle muerte a Abel.

_ Perdone que le pregunte esto, capit√°n Riestra_ intervino Dortmund, pensativo._ ¬ŅSu hermana padec√≠a alg√ļn trastorno psicol√≥gico? ¬ŅEstaba medicada por alg√ļn profesional?

_ No, nada de eso_ respondió nuestro amigo muy seguro._ Odio admitirlo, pero mi hermana encubre a alguien. No lo voy a negar, está en serios problemas.

_ En eso estamos de acuerdo, capit√°n Riestra. Pero de algo estoy absolutamente convencido. Usted no la cree culpable del asesinato del se√Īor Luro.

_ ¡Para nada! Y quiero ayudarla. Hablé con el fiscal del caso, que es muy amigo mío, y convenció al juez para que nos dé 24 horas de gracia como un favor personal. Si no avanzamos dentro de ése margen de tiempo, la va a procesar por homicidio agravado. Por eso acudí a usted.

_ Haremos lo posible, se lo prometo. ¬ŅSospecha de alguien?

_ No. Decididamente, no. No estoy muy adentrado en la vida √≠ntima de mi hermana y sus relaciones, as√≠ que no puedo dirimir mis sospechas en ninguna direcci√≥n en particular. Pero podemos reducirlo todo a dos personas: Santiago Lutzack y Martina Azcurra. Ellos dos visitaron a Abel un rato antes del asesinato hoy a la ma√Īana. Pero Carina fue la √ļltima en verlo con vida y eso agrava a√ļn m√°s su situaci√≥n procesal ante la mirada de la Justicia.

_ ¬ŅQu√© dijo la se√Īora Riestra, capit√°n, respecto a lo que hizo con el arma despu√©s de supuestamente matar al se√Īor Abel Luro?

_ Dijo que no lo recuerda. Y en lo que a m√≠ concierne, dudo de que exista una. Ella y Abel aborrec√≠an las armas de fuego. La Polic√≠a busc√≥ en toda la casa pero no hall√≥ ninguna. Y los vecinos nunca escucharon una detonaci√≥n. Bueno, eso est√° claro si a Abel lo asesinaron de una pu√Īalada en la nuca. Por eso no pudo ser mi hermana. En ninguno de los dos casos, ella pudo matarlo.

El inspector abrió los ojos enormemente.

_ ¬ŅQu√© quiere decir?_ me atrev√≠ a preguntar primero.

_ Carina sufri√≥ hace diez a√Īos atr√°s un accidente dom√©stico que le redujo su fuerza a la mitad en ambos brazos. Por ende, le hubiese resultado imposible tomar el punz√≥n y clavarlo con perfecta precisi√≥n en el cuello de Luro. Lo mismo que haber tomado una pistola. No hubiese podido ni por lejos hacerlo.

_ Confirmado: encubre a alguien.

_ La pregunta es doctor_ expres√≥ Dortmund_ a qui√©n. ¬ŅAl se√Īor Lutzack o a la se√Īorita Azcurra?

_ Hay que hablar con ellos_ propuso Riestra._ Y ver, adem√°s, porqu√© visitaron a Abel hoy a la ma√Īana.

_ Estoy de acuerdo_ convino el inspector._ ¬ŅEncontraron huellas en el arma homicida?

_ No. El asesino usó deliberadamente guantes.

_ ¬ŅTocaron algo de la escena? ¬ŅNo movieron nada?

_ Aparentemente, no, Dortmund.

_ Interesante. No lo sabremos con certeza hasta revisar la escena nosotros mismos y sacar nuestras propias conclusiones.

_ ¬ŅPor qu√© discutieron el se√Īor Luro y su hermana, capit√°n?_ indagu√©.

_ Carina cre√≠a que Abel la enga√Īaba desde hac√≠a tiempo con otra mujer_ repuso Riestra._ No sospechaba de ninguna en especial, pero estaba convencida de la infidelidad. Hace dos d√≠as encontr√≥ entre las cosas de Abel una pulsera de plata con incrustaciones de oro envuelta para regalo. Ella supuso que era la prueba que estaba buscando y la rob√≥ discretamente para averiguar para qui√©n era. Abel descubri√≥ su falta, ella lo enfrent√≥ y por eso discutieron fuertemente al respecto.

_ ¬ŅUsted cree que realmente hab√≠a una tercera en discordia?_ pregunt√≥ Dortmund con un tono de voz sugerente.

_ Abel tenía muchos defectos_ explicó el capitán Riestra._ Pero dudo sinceramente que la infidelidad fuese uno de ellos. No, estoy absolutamente convencido de que ésa pulsera era un regalo para mi hermana y él estaba esperando el momento propicio para dárselo.

_ ¬ŅCelebrar√≠an algo especial prontamente?

_ No hab√≠a nada cercano. Pero no se necesita esperar un d√≠a especial para hacer un regalo. ¬ŅO s√≠?

_ Por supuesto que no, capit√°n Riestra_ repuso Dortmund, vacilante._ H√†bleme brevemente del se√Īor Abel Luro, si es tan amable.

_ Era tenor l√≠rico. Cantaba en uno de los coros del teatro Col√≥n. La semana que viene estrenar√≠a una nueva √≥pera y estaba muy metido con eso. √Čl se encerraba en su estudio a ensayar y estudiar el gui√≥n.

_ ¬ŅEsto lo sabe por boca de su hermana, capit√°n?_ pregunt√©.

_ Efectivamente, doctor. Lo fui a ver una vez. Tenía una voz fabulosa. Su voz era tan potente, que hacía temblar las paredes de la sala a troche y moche.

_ ¬ŅAlg√ļn problema con alguno de sus colegas de elenco?

_ No, doctor_ interrumpi√≥ Dortmund, decididamente._ No es relevante su pregunta. El motivo del crimen viene por otro lado. No perdamos tiempo. Vayamos a la escena. Recuerden que s√≥lo tenemos 24 horas antes de que el juez acuse a la se√Īora Carina Riestra por asesinato.

Y sin perder ni un minuto m√°s, hacia all√° nos dirigimos. Era una casa con una entrada amplia y un jard√≠n trasero que daba al estudio del se√Īor Luro. Por dentro, la casa no era gran cosa. Ten√≠a una decoraci√≥n austera y r√ļstica, pero todo dispuesto elegantemente. Nos identificamos con los oficiales de turno e ingresamos.

Sean Dortmund fue directamente al estudio del se√Īor Luro. Una vez dentro, su atenci√≥n se fij√≥ inmediatamente en la ventana que daba al jard√≠n. La examin√≥ visualmente, y haciendo uso de un pa√Īuelo y con extremo cuidado la abri√≥. La revis√≥ por dentro y por fuera muy a conciencia, sali√≥ al jard√≠n por la ventana misma y la cerr√≥. Calcul√≥ una m√≠nima distancia, retrocedi√≥ de espalda y luego se volvi√≥ de frente mirando hacia el estudio. Repentinamente, sus labios surcaron una mueca de satisfacci√≥n. Con el capit√°n, lo miramos todo el tiempo confundidos. Y √©sa actitud suya final nos dej√≥ caminando sobre una cuerda floja.

_ Capit√°n Riestra_ dijo Dortmund, dirigi√©ndose directo a √©l._ Cuando su hermana vio el cuerpo de su esposo, ella lo vio desde ac√°, ¬Ņno?

_ S√≠_ repuso Riestra, modestamente extra√Īado._ Al menos, eso adujo ella en su declaraci√≥n. Y le creo.

_ ¬ŅEl cuerpo fue hallado de frente o de espalda hacia la ventana?

_ De espalda. La Policía lo encontró con la cara girada hacia la puerta de entrada.

_ Entonces, ella no lo hizo porque no fue la √ļltima persona en ver con vida al se√Īor Luro. Ella discut√≠a en duros t√©rminos con su esposo cuando alguien lleg√≥. El se√Īor Luro le rog√≥ a su esposa que le diese privacidad y ella abandon√≥ el estudio bastante resentida, imagino. Y sali√≥ al jard√≠n para tratar de determinar disimuladamente qu√© era lo que el se√Īor Luro hablaba con su visitante. Quiz√°s no pudo ver mucho y vio realmente menos de lo que hubiese deseado presenciar. Pero su mirada se top√≥ con una escena espantosa un rato despu√©s: vio a su marido tendido en el piso de espalda muerto y se horroriz√≥. Y de ah√≠ viene su confusi√≥n al creer que lo asesinaron de un disparo.

_ Vio la sangre fluir de la nuca y creyó que le dispararon en la cabeza por detrás_ reaccionó sabiamente el capitán Riestra._ Creyó que la persona con la que estuvo momentos antes lo mató y ella se inculpó por pánico. Fue impulsiva, actuó sin la razón. Y no pensó en los detalles del arma.

_ Exacto, capitán Riestra_ lo halagó mi amigo.

_ Carina conoce al asesino. ¡Nos lo tiene que decir! Sólo así podremos salvarla.

_ No, no debemos presionarla. Si no se lo dijo a los oficiales que la interrogaron, tampoco a nosotros. Aunque usted sea pariente de ella y por ende alguien de su mayor confianza, capit√°n, no lo har√°. No, hay que hacerlo atrapando al verdadero asesino. Volvamos adentro.

Cuando regresamos al interior del estudio, Dortmund se abocó a examinar los elementos que había arriba del escritorio. Notó que había un espacio vacío en el centro de la mesa, en medio de una capa de polvo que cubría todo el ancho y el largo del mueble en cuestión.

_ Indudablemente, movieron algo de la escena_ dijo Sean Dortmund, se√Īalando su hallazgo.

Con el capit√°n Riestra nos quedamos sin aliento.

Mi amigo se dirigi√≥ a los oficiales y peritos que trabajaron en la escena y todos negaron haber movido algo. Y se pusieron tensos cuando mi amigo los gui√≥ hacia su descubrimiento. ¬ŅEl asesino se hab√≠a llevado intencionalmente algo que lo ligaba con el asesinato? Era muy probable, pero no algo definitivo.

Una mujer de mediana edad, cabello corto a la altura de la nuca y de modales muy correctos entró a la escena agitadamente desoyendo las advertencias de los agentes que trabajaban en el lugar. No obstante, la recibimos cálidamente.

_ Me llamo Martina Azcurra_ se presentó, frotándose las manos de nervios._ Tengo que confesarles algo, ya no me lo puedo guardar más.

_ ¬ŅQu√© es, se√Īora Azcurra?_ inquiri√≥ Riestra.

_ Quiero confesar el homicidio de Abel Luro. Yo lo maté.

Los tres intercambiamos una mirada severa.

_ ¬ŅEst√° segura de lo que dice? Es una acusaci√≥n muy seria la que est√° haciendo_ dijo el capit√°n Riestra.

_ Sí, yo lo hice, yo lo maté_ repitió ella muy exaltada.

_ Muy bien_ asintió nuestro amigo._ Cuénteme cómo lo hizo.

_ Lo golpeé en la cabeza con el pisapapeles que hay en su escritorio. Discutimos, yo me estaba yendo, él me dijo algo provocativo, yo reaccioné, lo confronté, se rió de mí, me dio la espalda y en un denotado ataque de ira, tomé el pisapapeles y se lo partí en la cabeza por atrás. Me asusté y me fui.

_ Se√Īora, eso no es posible...

_ ¡Yo lo maté!

_ Está bien. Que un oficial le tome la declaración para hacerlo formal. Dele todos los detalles, por favor.

Riestra llam√≥ a uno de los oficiales que custodiaba el ingreso al estudio en donde est√°bamos todos y le dio estrictas √≥rdenes de qu√© hacer con la se√Īora Azcurra.

_ Muy bien, se√Īor_ replic√≥ aqu√©l. Y se llev√≥ a Martina Azcurra a otra parte.

El capitán se volvió hacia nosotros ofuscado y confundido.

_ Sabemos que ella no lo hizo_ desliz√≥ con desd√©n._ Tenemos a dos personas que se responsabilizan por el homicidio y sabemos que ninguna de las dos lo hizo. ¬ŅQu√© opina Dortmund?

_ Que esto se está poniendo muy interesante_ declaró mi amigo con ímpetu._ Y lo mejor de todo es que el caso se está prácticamente resolviendo solo.

_ ¬ŅC√≥mo es eso posible?_ expres√≥ el capit√°n, desquiciado.

_ Ya lo ver√° usted, no se precipite.

Sean Dortmund continu√≥ requisando la escena del crimen por unos minutos m√°s e inmediatamente despu√©s de que hubo concluido su pesquisa, solicit√≥ entrevistarse con la se√Īora Azcurra.

Lo autorizaron y se encerró con ella en un cuarto aparte a solas.

El inspector le pidió que relatase los hechos tal como sucedieron al momento del homicidio y ella repitió la misma historia que nos contara a los tres previamente.

_ Miente, se√Īora Azcurra_ declar√≥ flamante, Dortmund.

Ella lo miró con hostilidad.

_ El se√Īor Luro no muri√≥ de un golpe en la cabeza, como usted declara_ prosigui√≥ el inspector.

_ Sí, porque yo lo hice.

_ ¬ŅSostiene su postura?

_ Firmemente.

_ Sólo intento ayudarla. Pero no puedo hacerlo si usted no colabora y es honesta conmigo.

_ Le estoy diciendo la verdad... ¡Soy una asesina desalmada! Tengo que pagar por lo que hice. Abel no merecía morir. Si tan sólo hubiese sido capaz de controlar mis impulsos en esos momentos...

_ ¬ŅSe arrepiente?

_ S√≠_. Agach√≥ la mirada en se√Īal de culpa.

_ Lo cierto es que usted no pudo haberlo matado, se√Īora Azcurra_ sigui√≥ mi amigo con su disertaci√≥n,_ porque al se√Īor Luro no lo mataron de un golpe en la cabeza como usted afirma, sino de una pu√Īalada en la nuca asestada con un punz√≥n.

La expresión de la mujer cambió radicalmente.

_ Yo creí que..._ repuso Martina Azcurra, avergonzada.

_ ¬ŅQue la asesina era la se√Īora Riestra? Tampoco. Ella se culp√≥ del homicidio porque vio a su esposo desde el jard√≠n tendido en el piso con sangre que le flu√≠a de la nuca y por eso pens√≥ que le hab√≠an disparado. Pero eso no ocurri√≥ tampoco. Carina Riestra sospecha que su esposo le es infiel con alguien m√°s y lo confronta para averiguarlo. Discuten fuertemente y en √©se preciso instante, lleg√≥ usted, lo que le dio razones a la se√Īora Riestra para suponer que usted era la misteriosa amante del se√Īor Luro. Ella los deja a usted y al se√Īor Luro solos y se va para el jard√≠n para poder espiarlos con sutileza, y confirmar o no sus temores. Usted la vio desde el estudio pero la ignoro porque jam√°s fue consciente de sus sospechas.

<No, no esperaba semejante cosa de la se√Īora Riestra. As√≠ que, el hecho para usted pas√≥ absolutamente desapercibido. Pero no tanto para el se√Īor Luro, que debi√≥ imaginar lo que su esposa pensaba y por eso le pidi√≥ a usted que se retirase. Usted se va ofuscada. Y en ese lapso de tiempo, alguien asesin√≥ al se√Īor Luro con el punz√≥n para hacer creer que se trat√≥ de un crimen de ocasi√≥n y no fr√≠amente planeado, como realmente fue.>

<La se√Īora Riestra hace el descubrimiento del cuerpo e inmediatamente sospecha de usted. Usted, se√Īora Azcurra, regres√≥ porque dej√≥ olvidado algo arriba del escritorio del se√Īor Luro y vio algo inesperado: vio a la se√Īora Carina Riestra arrodillada al lado del cuerpo de su esposo y sosteni√©ndolo llena de dolor y desolaci√≥n entre sus brazos. Y usted supuso que ella lo hab√≠a matado. Tom√≥ lo que fue a buscar y sin intercambiar ni una sola palabra, recuper√≥ lo suyo y se fue asustada, no sin antes intercambiar miles de miradas cargadas de emociones con la se√Īora Riestra. ¬ŅMe equivoco?>

_ No. Todo sucedi√≥ as√≠_ admiti√≥ la se√Īora Azcurra, absolutamente apenada.

_ Como no deseaba que la se√Īora Riestra se viera envuelta en el asesinato de su marido porque la estima mucho y la considera una buena mujer, se inculp√≥ usted misma por el crimen que pens√≥ dadas las circunstancias que ella hab√≠a perpetrado. Pero lo cierto es que no fue ninguna de las dos.

_ Carina no merece pasar por esto. La conozco hace a√Īos... ¬ŅSabe algo, inspector? Me alivia mucho saber que ella no asesin√≥ a Abel.

_ ¬ŅQu√© volvi√≥ a buscar al estudio del se√Īor Luro, se√Īora Azcurra?

_ Una cigarrera. Abel era fan√°tico de los cigarrillos que yo consumo. As√≠ que, siempre que lo visitaba, tra√≠a mi cigarrera para convidarle algunos. Hoy a la ma√Īana me ech√≥ tan de repente y me sent√≠ tan molesta, que me fui sin agarrarla. Hice unos pasos, descubr√≠ el olvido y regres√©. El resto ya lo sabe.

_ ¬ŅCu√°nto tard√≥ en regresar, aproximadamente?

Martina Azcurra vaciló antes de responder.

_ Entre cinco y diez minutos, no más_ respondió con contundencia.

_ ¬ŅEst√° segura?

_ Absolutamente segura.

_ ¬ŅSe cruz√≥ con alguien en ese √≠nterin de tiempo?

_ No, no me crucé con nadie. No vi a nadie, inspector.

_ ¬ŅPor qu√© visit√≥ al se√Īor Luro?

_ √Čramos muy buenos amigos. Me propuso un proyecto de negocios juntos y est√°bamos en tratativas para concretarlo. No se lo dijimos a nadie para no arruinarlo. Pero ven√≠a muy bien encaminada la cosa y quer√≠amos sumarla a Carina si todo resultaba favorablemente como esper√°bamos con Abel.

_ ¬ŅDe qu√© trataba el proyecto, se√Īora Azcurra?

_ Con la importaci√≥n de vinos. Iba a llamarse El √ļltimo canto del tenor, en honor a su √ļltima √≥pera. Ten√≠amos muy buenos contactos en Mendoza.

_ Gracias, se√Īora Azcurra. Fue de mucha ayuda.

Sean Dortmund volvi√≥ al estudio del se√Īor Luro y revis√≥ el espacio vac√≠o que hab√≠a en el centro del escritorio.

_ ¬ŅQu√© sucede, Dortmund?_ pregunt√≥ Riestra, preocupado.

Mi amigo nos hizo un resumen de los hechos que dedujo a partir de la declaraci√≥n de la se√Īora Martina Azcurra, y luego agreg√≥ entre cavilaciones:

_ Ella aleg√≥ que volvi√≥ a buscar su cigarrera. En el hueco que hay en la mesa, se puede entrever la silueta de un accesorio similar al de una cigarrera, lo que se condice con el testimonio de la se√Īora Azcurra. Pero al lado, hay una silueta de algo mucho m√°s grande.

_ Había algo más apoyado al lado de la cigarrera_ deduje.

_ Es rectangular y de amplias proporciones. Algo así como una cartera...

_ Pero, sabemos que ninguna de las dos mujeres pudo haberlo hecho. Y no hubo una tercera en la escena.

_ Pudo ser un portafolios_ concluyó Riestra._ El asesino lo apoyó en la mesa, cometió el crimen y se lo llevó otra vez.

Dortmund mir√≥ a Riestra con brillo en sus ojos. Mas, lo siguiente que hicimos fue a hablar con la se√Īora Carina Riestra, la hermana de nuestro amigo.

_ ¬ŅPor qu√© sospechaba que el se√Īor Luro le era infiel, se√Īora Riestra?_ le pregunt√≥ Dortmund, con amabilidad.

Carina Riestra miró al capitán con una mirada interrogativa y él asintió con un leve movimiento de cabeza.

_ Siempre llegaba tarde_ respondió ella._ Me decía que ensayaba hasta tarde. Pero yo llamaba al teatro y me decían siempre que el ensayo había terminado hacía como dos horas. Permanentemente igual. Hasta que revisando sus cosas, encontré esa pulsera de plata. Era la prueba que estaba buscando, lo que necesitaba para comprobar que se veía con alguien más.

_ Y por eso lo confront√≥ hoy a la ma√Īana. Y oportunamente, lleg√≥ la se√Īora Azcurra y crey√≥ confirmar sus sospechas.

_ ¡Era mi amiga! No podía creerlo. Venía a ver a mi esposo todo el tiempo.

_ También era amiga tuya_ dijo el capitán.

_ ¡No la defiendas, Eugenio! Ella siempre venía a verlo a él, nunca vino por mí.

_ Lo cierto es, se√Īora Riestra_ dijo Sean Dortmund,_ que ella no lo hizo. Al contrario, pens√≥ que hab√≠a sido usted cuando la encontr√≥ junto al cuerpo de su marido y se inculp√≥ por el crimen para defenderla. Nunca tuvo nada con su esposo.

Carina Riestra se quedó sin aliento, mientras nos miraba a los tres perdidamente.

_ ¬ŅNo se te ocurri√≥ pensar que la pulsera te la compr√≥ a vos?_ le pregunt√≥ el capit√°n Riestra a su hermana, con contundencia.

_ √Čl nunca me hac√≠a √©sa clase de regalos_ declar√≥ la mujer, compungida. Se puso de pie y palideci√≥ s√ļbitamente. Luego, volvi√≥ a mirarnos con los ojos llenos de culpa.

_ Martina se culpó por mí... Y yo que la juzgué mal. ¡Es un ángel! No sé cómo disculparme con ella ahora por este malentendido.

_ No necesita hacerlo, se√Īora Riestra_ dijo el inspector, complaciente.


_ Todo se reduce a un √ļnico sospechoso_ anunci√≥ el capit√°n Riestra, despu√©s de que termin√°ramos de hablar con su hermana._ Santiago Lutzack.

_ Es posible_ sentenci√≥ el inspector, poco convencido al respecto._ Averig√ľ√©moslo. Pero el asesino creo que nunca vino de afuera. Se los explicar√© oportunamente.

Hicimos llamar a Santiago Lutzack, que lleg√≥ en menos de diez minutos. Era un hombre de rostro atestado, corpulento y ademanes sutiles. Tendr√≠a en apariencia unos cincuenta a√Īos.

Cuando vimos lo que tra√≠a entre sus manos, nos quedamos petrificados. Era un portafolios. Y yo pens√© para mis adentros que el tr√°mite iba a resultar demasiado sencillo. Si la forma de su portafolios coincid√≠a con la de la que estaba en la escena, el se√Īor Lutzack no tendr√≠a escapatoria. Yo estaba gozando √©sta peque√Īa victoria para mis adentros anticipadamente con mucho orgullo y mor√≠a por o√≠rlo confesar el asesinato del se√Īor Luro.

_ ¬Ņ,Por qu√© visit√≥ al se√Īor Luro hoy por la ma√Īana?_ pregunt√≥ inicialmente Dortmund.

_ Soy su m√©dico de cabecera_ respondi√≥ el se√Īor Lutzack, con mucha calma y sin titubear._ Mejor dicho, era. Es tremendamente lamentable lo que le pas√≥.

Santiago Lutzack parecía sincero.

_ ¬ŅCu√°l fue el motivo de su consulta?_ prosigui√≥ el inspector.

_ Un resfriado. Apenas le estaba agarrando, pero quer√≠a evitar que le afectara la garganta y me llam√≥ para que le recetase algo para prevenirlo. √Čse fue todo mi trabajo. Era tenor profesional y por ende, un obsesivo con el cuidado de sus cuerdas vocales.

_ ¬ŅCu√°nto tiempo estuvo?_ intervino Riestra.

_ Cinco, diez minutos. No mucho más. Salí de acá y me fui para la clínica Versalles, donde trabajo como médico clínico. Puede preguntar si quiere. Estaba terminando mi turno cuando ustedes llamaron.

_ ¬ŅSe cruz√≥ con alguien cuando lleg√≥ o cuando se fue hoy a la ma√Īana?_ indag√≥ Dortmund.

_ No. Vine, hice mi trabajo y me retiré. No vi a nadie más.

_ Perm√≠tame el portafolios, si es tan amable, se√Īor Lutzack. Se lo devolver√© a la brevedad.

El médico receló pero accedió a la demanda de mi amigo.

Sean Dortmund hizo la prueba pertinente comparando la forma del portafolios del se√Īor Lutzack con la hallada en el escritorio de la v√≠ctima. Volvi√≥ en dos minutos, le devolvi√≥ la maleta a Santiago Lutzack y lo dej√≥ ir.

_ El portafolios que apoyaron en la mesa del estudio del se√Īor Luro era bastante m√°s chico que el que el se√Īor Lutzack tra√≠a consigo_ afirm√≥ Dortmund.

_ ¬ŅEl portafolios de la escena tiene el tama√Īo de los que usan habitualmente los peritos?_ pregunt√≥ el capit√°n Riestra, relacionando los hechos lentamente en su cabeza.

_ ¡Tiene sentido!_ exclamé con vehemencia._ Mas, si el asesino utilizó guantes para no dejar huellas.

_ Exacto, caballeros_ ponder√≥ Sean Dortmund con admiraci√≥n._ El asesino lleg√≥ y esper√≥. Vio que el doctor Lutzack lleg√≥ y discretamente emple√≥ un mecanismo para que la puerta quede abierta. Lutzack se retira, el asesino entra, se esconde y espera paciente. La se√Īora Azcurra se va y un minuto y medio es todo lo que el asesino necesita para clavarle el punz√≥n en la nuca al se√Īor Abel Luro, guardar los guantes de nuevo en su portafolios y salir. Cuando abandona la casa, cierra la puerta de calle definitivamente y se va. Y vuelve junto con el equipo de Criminal√≠stica m√°s tarde a hacer su trabajo. Y oportunamente, explora el terreno.

_ No tuvo tiempo de deshacerse de los guantes porque se notaría el faltante, lo investigarían y lo atraparían_ continuó el capitán Riestra con la deducción de los eventos._ Es el protocolo. Todos los elementos están inventariados.

_ As√≠ que, tuvo que pedir un par de guantes prestados_ segu√≠ yo_ y los que utiliz√≥ para matar al se√Īor Luro a√ļn los conserva encima.

No tardamos en averiguar que el perito que buscábamos se llamaba Néstor Torre. Revisamos sus cosas y tenía un par de guantes adicionales usados. Intentó disuadirnos, pero cuando lo confrontamos con toda la evidencia en su contra, se vio acorralado y aceptó confesar a cambio de hacer un trato con el fiscal. Aceptamos.

_ Con mi esposa est√°bamos muy mal_ empez√≥ el se√Īor Torre con su confesi√≥n._ Me cost√≥ horrores remarla y salvar la relaci√≥n. Pero lo consegu√≠. Con esfuerzo y voluntad, lo consegu√≠. Le compr√© una pulsera como regalo de conciliaci√≥n, que pensaba entreg√°rsela en el teatro. Saqu√© dos entradas para ir a ver El √ļltimo canto del tenor, la √≥pera en la que cantaba Luro. A mi esposa, √©se tipo de obras le fascinaban. Nos sentamos adelante de todo. Disfrutamos mucho. Le dije a mi esposa que ten√≠a algo para ella, sin decirle qu√©.

<Cuando la funci√≥n termin√≥, ped√≠ permiso para acercarnos a los camarines y saludar al se√Īor Luro. Despu√©s de eso, le dar√≠a la pulsera y todo ser√≠a perfecto.>

<Nos autorizaron a entrar al camar√≠n a saludar al se√Īor Abel Luro. Nos recibi√≥ gentilmente. Fue muy ameno durante el rato que compartimos con √©l. No habremos estado m√°s de cinco minutos. Pero mi esposa estaba feliz de haberlo conocido.>

<Pensó que ésa era la sorpresa, pero le dije que había algo más. Cuando busqué en el bolsillo de mi sobretodo la pulsera, no estaba. Revisé los asientos y no se había caído ahí. Por ende, se me había caído en el camarín de Luro.>

<Le golpe√© la puerta, me atendi√≥, le plante√© mi inquietud y me dijo que lo encontr√≥. Pero que no iba a devolv√©rmelo. Pens√© al principio que era una broma, pero nada de eso. Se apropi√≥ de mi pulsera. Discutimos fuertemente, me dijo que le quedar√≠a mucho mejor a su mujer que a la m√≠a, se ri√≥ de m√≠ y me cerr√≥ la puerta en la cara. Mi esposa crey√≥ que le ment√≠ y me abandon√≥.> 

<¬°Todo lo que hice por nada! Estaba todo perfectamente bien, pero √©se infeliz de Abel Luro tuvo que aprovecharse y arruinarme. ¬ŅQui√©n se cre√≠a que era el imb√©cil √©se para faltarme el respeto de √©sa manera? Ten√≠a que hacerlo pagar. Sali√≥ del teatro y lo segu√≠ en secreto para saber d√≥nde viv√≠a. El resto de la trama ya la conocen.>

_ ¬ŅPor qu√© no se llev√≥ la pulsera despu√©s de que lo mat√≥?_ pregunt√≥ severamente, Riestra.

_ No sabía dónde la había guardado. Cuando volviese para hacer mi trabajo, la recuperaría discretamente, cosa que no hice, porque hay ojos por todos lados.

El capit√°n Riestra se llev√≥ detenido al se√Īor N√©stor Torre y el juez exoner√≥ a la se√Īora Carina Riestra.

Ella y Martina Azcurra se fundieron en un abrazo profundo. Y la se√Īora Riestra no paraba de mirar al capit√°n y agradecerle por su invaluable ayuda en el caso y por creer en ella todo el tiempo. La escena era muy conmovedora y hab√≠amos entendido s√≥lo as√≠ que el √ļltimo canto del tenor no result√≥ en vano, despu√©s de todo.






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