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El costurero de mimbre
un Cuento de
Amendola Marta Graciela
Me había mudado y comenzaba a ordenar el caos que ello implica. Creía necesario desprenderme de algunas cosas que, innecesariamente, ocupaban un espacio que no tenía. Debía iniciar el famoso trámite del desapego que tanto me costaba. Fue entonces que me hallé ante aquel antiguo costurero de mimbre.
Fue abrirlo y sumergirme en los recuerdos. Ese había sido uno de los pocos regalos de mi abuela. Todavía no comprendía el por qué de ese obsequio ya que nunca aprendí a coser. Era una tarea para la que no poseía la mínima habilidad.
Intrigada una vez más miré el contenido y descubrí pequeños y delicados carretes de hilo de oro y plata, finas agujas dispuestas a ser enhebradas, trozos de coloridas telas y bellos botones de nácar.
Me pregunté que podría hacer con todo ello y fue entonces que descubrí una nota escrita con letra insegura y temblorosa. Era la letra de mi abuela.
Sorprendida por el hecho de no haberla visto hasta ahora comencé a leerla.
“Este costurero guarda una enseñanza para ti. Cuando no sepas que camino tomar en circunstancias difíciles de la vida enhebra la aguja de la sabiduría y ella te lo indicará. Ante el desasosiego haz un remiendo con la templanza,, ante la carencia hazlo con la solidaridad y une el dolor con la esperanza de un tiempo mejor. Con los hilos de oro y plata borda la flor del amor y las alas de un ángel embellécelas con los botones de nácar; ellas te permitirán volar para alcanzar el crecimiento y evolución espiritual. Este costurero es mágico y guarda un corazón invisible con todo el cariño que te tengo. Dale buen uso”
Con lágrimas en los ojos musité: - Así lo haré.

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