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Primera Entrega
DONDE MIRAN LOS GIRASOLES EN LA NOCHE
(Obra de Teatro)

de
Paolizzi Miranda




DONDE MIRAN LOS GIRASOLES EN LA NOCHE

(FRAGMENTO)

 

DRAMATIS PERSONAE

Nina: Dueña del campo de girasoles

Ferbin: Sobrino de Nina

Astro: El perro de Ferbin 

Kel: El perdigonero

Lebaine: El guardabosques

Cecilia: Hija de Lebaine

Delmiro: Difunto esposo de Nina

 

Registrado en la DNDA 2026. Todos los derechos reservados. 

I

(La escena se desarrolla en un campo de girasoles cercado. Se oyen pájaros. Detrás hay una casona derruida y enmarcada por un arroyo. Un niño de unos trece años corre y se mete de un salto entre los girasoles. Se tira al suelo para esconderse. Un hombre armado con una escopeta se aproxima al campo de girasoles y golpea la valla). 

Kel: ¡Esta vez te vi, malnacido! ¡Te haré dar la cara aunque tenga que arrancar todas las plantas de cuajo…! (levanta una mano para hacerse de visera y rastrea con la mirada el campo de girasoles, ya con la voz más serenada) Este es mi trabajo, ¿no tienes educación? Con un buen escarmiento se te quitarán las ganas se sabotearme las trampas. ¡Que no te quepa duda alguna de que te voy a sacar el coraje a golpes!  

(Pretende cruzar la valla y cuando tiene ya una pierna del otro lado del campo, una señora sale de la casona y cierra la puerta detrás de ella. Hay una flor de sol colgada en la puerta. La señora se queda en el pórtico, con la pistola encajada en el pantalón. Se escuchan ladridos desde el interior de la vivienda)   

Nina: ¿Está buscando algo?

(Kel abandona su intento de incursión y se pone de pie delante del campo de girasoles, solemne, con la escopeta apretada contra el pecho)

Kel: Si. Pero al final habría sido más fácil si quemara todo el bosque y lo hiciese salir bailando.

Nina: (cruzándose de brazos) No estará hablando de mi Ferbin.  

Kel: Por las cinchas de fuego que tiene por cabello, diría que si… (Baja el arma y carraspea) Casi seguro que se metió a este sembradío que tiene. (Junta los brazos como un soldado) Hágalo salir.     

(Nina se alisa las arrugas del pantalón  y desciende la escalera con parsimonia) 

Nina: Fue un año próspero o algo parecido, luchar solos es difícil. No vaya a ser que olviden quienes somos y quienes les dan de comer, ¿verdad? Hay que dejar que la impronta de nuestra familia tenga tiempo suficiente para asentarse entre los comerciantes nuevos. Aquí tenemos rábanos, espinacas y unos estupendos girasoles, como podrá comprobar, que dan su fruto durante toda la temporada.

(Kel levanta la barbilla y da un paso al frente, con la mirada fija. Nina levanta una ceja). 

Kel: Esa suerte le corresponde a usted. Yo, por mi parte, busco a su sobrino. Ya es la quinta liebre que me libera el muchacho. Llego en la mañana y encuentro la trampa rota a leñazos. Ningún animal es capaz de tal atrevimiento, no fueron sino manos humanas las culpables de esta pérdida. (Hace una pausa y su voz se apacigua) Solamente logré siete liebres, dos de ellas destrozadas por la fauna salvaje… y usted sabe muy bien que en la factoría no me darán nada por piel desgarrada. Las otras dos, desaparecidas. Esta vez vi al responsable y lo perseguí por espacio de un kilómetro. Está entre los girasoles o lo tiene escondido. Si no me cree, no tendré más opción que envenenar los cebos. 

Nina: (golpetea el suelo con el pie) Aquí somos trabajadores honrados, no ladrones.  

Kel: Mi trabajo también es honrado. (Mira hacia el campo de girasoles) Controlo a las plagas.

Nina: Parece que hay algo que no comprende (baja las escaleras de la casa y se arrima a la valla, Kel retrocede con celeridad, trastabilla y agita un brazo en el aire para no caerse. La señora  levanta una mano y señala un punto detrás de él) tanto este sembradío como todo lo que pueda ver a su alrededor pertenecen a un orden superior, ¿sabe? No es mera materia inerte que existe para que simplemente la tomemos. Si usted no trata a la naturaleza con respeto, por supuesto que los lobos le destrozarán la caza. Jamás podremos alcanzar una décima parte de la grandeza que esto tiene. En este orden, la piel de la liebre y la hierba que aplastamos tienen el mismo valor. Algunos lo conocen por un montón de nombres, a mí me gusta decirle Dios (baja la mano y la afirma en la cintura con delicadeza) Mis sentidos están entumecidos. Estoy viuda, no tengo a nadie más que a mi sobrino y un ovejero que lo recibirá de fauces abiertas la próxima vez que pretenda tocar mis girasoles. Por favor, déjenos en paz. Si invade mi fortaleza, es de mi derecho el hundirle un tiro en la frente.

Kel: Señora, ¿no tiene un poco de conciencia? (se aproxima al cercado y lo sacude violentamente con una mano) ¿Cuánto me va a detener esta madera podrida? Tiene que enseñarle disciplina a este muchacho. Me seguirá destrozando los animales hasta que no pueda vender ni uno, y si lo llegase a sorprender en el acto, entonces estaría en mi derecho rajarle la nuca de un perdigonazo.

Nina: Sí, puede ser (saca la pistola, que brilla en su puño). Pero ahora esa no es la situación. Este campo es la fortaleza de mi familia. Él es consciente de que sus acciones no son del todo acertadas, lo que le prometo es que hablaré con él, nada más. Apenas dejó las ropas de la infancia, los animales caídos le despiertan pena. ¿No siente nunca compasión hacia las criaturas que mata?

Kel: No, pienso seguir haciéndolo. Que tenga un buen día.

(Kel sale de escena. Nina suspira y espera unos segundos, marcando los segundos con el zapato).  

Nina: Estamos solos, Ferbin.

Ferbin: (su voz proviene del campo de girasoles, pero no se le ve) ¿Estás segura?

Nina: Si, vamos adentro.

Ferbin: (Se pone de pie y sale de entre las plantas cruzando la valla de un salto. La madera cruje) Esta vez juro que me dispara si usted no me defiende. Tardé demasiado en romper la trampa.

Nina: No vale la pena molestarse. Los seres pequeños simplemente agonizan de miedo, aunque no tengan heridas, ya están condenados cuando entran en contacto con la obra humana. Así de delicado es el equilibrio. Poco sabría distinguir ese viejo entre obra tuya y el resultado de los esfuerzos de la liebre por soltarse. Si les guardas lástima, mira hacia otro lado (le acaricia el pelo) Y no te arrastres, ¡Mira lo sucio que estás!

(Ferbin se rasca la cabeza y cae tierra al suelo. No responde. Nina se acerca a él y lo abraza)

Nina: Estoy resignada a creer que la inteligencia que demuestran los animales deba llamarse simple instinto. Sin embargo, hay al menos mil cazadores como él, que matan cientos de ellos al día. La verdadera batalla no está entre Kel y tú, sino entre Dios y el corazón avinagrado de los hombres.

Ferbin: (se suelta del abrazo bruscamente) Estoy harto de esta casa, y de tus sermones.

Nina: ¡Todas los días es igual contigo, mocoso díscolo! Cuando no me ayudas con la siembra, me haces rabiar. Un poco más de trabajo y se te quitará el espíritu revoltoso. 

Ferbin: No. Quiero ir al bosque a juntar escarabajos.

Nina: El bosque es peligroso.

Ferbin: (la empuja) Quiero ir a la ciudad. Aquí estoy solo.

Nina: (le da una palmada en la cabeza) Para adentro, ahora.

II

 (Habitación de Nina. Entra Nina y cierra de un portazo. Astro ladra y rasca la puerta)

Nina: No, shhh, quédate afuera (suspira) ¡Ese hombre es el diablo! ¡Seguro que si lo mordieras te envenenaría la sangre! (entre dientes) Lo quiero muerto, muerto porque me inspira temor por mí y por mi Ferbin. No me des más problemas (Astro llora) Este invierno lo enviaré al internado. No le  gustará, pero podré mantenerlo a salvo mientras me las apaño con ese hombre cruel. (El perro sigue ladrando, nervioso) Silencio, cría de fiera, tú me serás una excelente bestia de tiro cuando caigan las primeras nieves. Salvaré a ese muchacho de una muerte segura, ¿Qué se supone que debo hacer? Kel es una bestia… un verdadero diablo, sí. (Se aleja de la puerta lentamente  y se sienta en la cama, con voz taciturna). No tendré más remedio que marcharme, dejar la fortaleza de girasoles. Tu irás a mi lado en tanto resistas el pedregoso trayecto y luego deberé abandonarte a tu suerte, porque ¡cuánto pesas, pobre ovejero! Eres casi tan viejo como yo, pero tendré los brazos ocupados con los víveres y nadie podrá cargarte… (Suspira) Es terrible lo que estoy diciendo y si tuvieses conciencia, quizás no me perdonarías. (Astro se calla. Nina sonríe sin separar los labios) Tengo una vida feliz con ustedes a pesar de todo. Estoy agradecida… (Angustiada) Pero volverá pronto, cachorro. ¿Me veré obligada a arrancarle la vida…? Entonces no le quedarán ganas de morder (furiosa) ¡Que así sea! Le clavaré los dientes hasta el hueso, que sepa que soy yo quien responderá tales calumnias contra la familia. Cada vez que vea este campo de girasoles sabrá guardar distancia, porque ese hombre tiene al diablo enraizado en el cuerpo. Es un ser salvaje y no se detendrá jamás, no dejará de cazar a Ferbin. Hasta que un día  lo encuentre en la línea de tiro. (Serenándose) Conozco a las personas como él, pues posee la misma osadía en la mirada que tú (mira el retrato de Delmiro colgado en la pared). Habremos de tener cuidado y aguzar los sentidos apenas aclare. (Saca el revólver y lo deja en la almohada. Se levanta y camina hasta la ventana abierta) Llegará mañana, al brotar el sol del horizonte. Es Dios quien me lo advierte en el oído. Si el padre del niño se hiciese cargo de su propia descendencia, una extensión de su carne, ¡su viva imagen a quien dio la espalda y ahora se rehúsa a reconocer! ¿Cómo podría un alma humana renegar de tan preciosa criatura? ¡Delmiro! ¡Mi Delmiro! (Cierra la ventana y vuelve a sentarse. Se cubre los labios con la punta de los dedos) Hace tanto que no pronunciaba tu nombre, temiendo que doliera más que tu ausencia, que el mero acto de evocarlo me hiciese sentir más sola…  No huiré, Delmiro. Estos girasoles son lo que me queda de ti.  

III

(Campo de girasoles. Ferbin está sentado en el suelo, absorto. Cecilia se aproxima dando saltitos y se le queda mirando. Se alisa el vestidito. Él la ignora). 

Cecilia: ¿Qué estás haciendo?

Ferbin: Nada.

Cecilia: ¿Tu perro tiene rabia?

Ferbin: (levanta la cabeza) ¿Qué?

Cecilia: Escuche ladridos. Sé que hay un perro, ¿tiene rabia?  

Ferbin: No, es mi amigo. Nunca mordió a nadie, excepto a Sombra y eso fue un accidente.

Cecilia: No sé quién es.

Ferbin: Sombra era mi caballo. Se le infectó la pata y murió. Y mi tía dice que está en el paraíso de los caballos donde la hierba siempre es alta y no se puede secar. Fue un caballo de tiro que trabajó mucho. Mi tía dice que si morimos sumisos conoceremos la felicidad del otro lado, por fin Dios se apiadará de nosotros y de todo nuestro esfuerzo.

Cecilia: (mira en dirección a la casa) Mi papá dice que cuando nos morimos no hay nada.

Ferbin: Mentira.

Cecilia: (se rasca la cicatriz que tiene en el brazo) Si lo dice él debe ser cierto. 

Ferbin: Está mal. Porque yo vi la muerte cuando se llevó a Sombra.

Cecilia: (se rasca más fuerte) No te creo.

Ferbin (la mira dudando unos segundos) Si me ayudas a juntar escarabajos, te cuento todo.

(Cecilia se sienta junto a él. Desde lejos, Lebaine y Nina los miran, sentados en la escalinata) 

Lebaine: ¿Kel amenaza al muchacho?

Nina: Si, siento que vendrá. Pensé que sería hoy y por eso lo llamé. Espero que pueda quedarse un día o dos en la estancia ¡todo por unas miserables liebres!

Lebaine: Mejor prepararse para la desdicha que recibir su visita.

Nina: (impasible) Le agradezco su compañía.

Lebaine: (prende un cigarrillo. Nina deslíe el humo con un discreto movimiento de la mano) ¡Bah!

(Da una pitada profunda) Kel y yo éramos cazadores hace muchos años.

Nina: (escéptica) Me interesa saber qué lo hizo cambiar de opinión.

(Cecilia se ríe inmersa en el juego. Ambos adultos la observan).

Lebaine: Ideamos la trampa más mortífera del mundo. Rastreábamos a la manada completa y los acribillábamos a tiro ciego. Caían siempre entre nueve o doce lobos. Mi pequeña Cecilia se cruzó en la línea de fuego. Fue la última vez que lo hicimos. No debí llevarla, fui débil ante mi ambición (suspira) Bueno, ya daré más detalles cuando el momento sea apropiado. (Hace una pausa) Kel no pudo lidiar con nada, se vio en un escándalo por estar con una actriz y tuvo que dejar el pueblo. No piensa en las consecuencias, pero si el amor estuviese en el cerebro y no en el corazón, sería un negocio. (Le da una pitada profunda al cigarrillo) Su relación se hizo mucho más fuerte cuando ella aprendió a manejar. Un día enfiló por un puente con demasiada velocidad. Errores que cometemos por tener prisa. Había llovido y el camino no estaba iluminado (da otra pitada y suelta el humo por la nariz, con placer) La familia de ella le hizo un juicio, que si los frenos estaban dañados, que si la chica había intentado huir… las personas dicen cosas extrañas cuando sienten dolor. (Nina lo mira de reojo, levantando el tejido que tiene sobre las piernas. Empieza a dar puntos) Me pregunto, ¿Por qué la chica se arriesgó? Quien sabe… Kel nunca se recuperó del todo. No se puede salir del propio infierno sin mirar a la cara a los demonios que nos acosan, ¿no le parece?
Nina: Absténgase de nombrar a seres oscuros.
Lebaine: (sonriendo) Ya desearía volver en el tiempo, curar a Cecilia con un beso.
Nina: (recitando con minuciosidad) ¡Si pudiera vivir el resto de mi vida de una manera nueva!
Lebaine: (se ríe, mira a los niños)Mírelos. Debería llevar a Ferbin a la ciudad de vez en cuando.

Nina: Él no está listo para semejante cambio.

Lebaine: (Se tapa los oídos) Si no se lo permite, nunca estará listo.

Nina: ¿Qué hace?

Lebaine: Esa música impertinente que me hace recordar y revivir… (Baja las manos y se queda inmóvil) Extraño al hombre que era Kel antes del desastre. Extraño a mi familia unida. Si no hubiese llevado a Cecilia… Es difícil no pensar con la música en el fondo de la conversación.

Nina: No escucho nada.

Lebaine: Ahí está…  justo detrás del aullido suave del viento, tintinean las campanas como lo hacían la noche que masacramos a los lobos. ¿Hay una feria por aquí cerca?

Nina: (detiene su labor) No sé, no estoy segura.

Lebaine: La incertidumbre es más terrible que saber la verdad, ¿No es así? (tira el cigarrillo en el escalón y lo aplasta con la suela) ¿No piensa volverse a casar?

Nina: No. (Frunce el ceño mientras teje con rapidez) No quiero posesiones, ni recuerdos. No son más que trampas para el corazón. Con el arma es suficiente. 

Lebaine (asiente)

Nina: (lo mira de reojo sin dejar de tejer) Cuando eran cazadores, ¿cómo era que…?

Lebaine: (con voz ominosa) El silencio era casi absoluto, a veces interrumpido por el ulular del búho blanco, nada más. Tendíamos una carpa en un vértice que formaban dos pequeños montes, el valle de la sangre… Los perros se mezclaban con la manada y guiaban la persecución de un anta imaginaria hacia la cúspide del triángulo de la muerte. Allí el paso era tan angosto que los lobos se arrebujaban unos sobre otros para poder pasar, todo se devenía una maraña de patas y dientes. No había ningún ciervo. Solo nosotros, esperando para descargarles una ráfaga de plomo en la espalda. ¿Cuál era pues, ese sonido misterioso, apenas audible para el oído humano, que llegaba al sutil del animal?

Nina: Sin acertijos, guardabosques. Sea respetuoso con esta vieja.

Lebaine: Si no adivina, se pierde el efecto sorpresa. Por favor.

Nina: (piensa unos instantes) Obra de alguno de ustedes.

(Lebaine junta las manos en una posición particular. Se las lleva a la boca e imita con realismo el balido de un ciervo. Cecilia y Ferbin los miran. Nina deja de tejer, asombrada)

Lebaine: El grito del lobo hace temblar hasta los huesos a la bestia herida, al cazador con el fusil en la mano y al perro que llora con el rabo entre las patas… (Deja la frase en el aire, la mira y sonríe) Usted es un lobo. Me cae bien, tenemos visiones diferentes de la vida. Con gente que piensa igual  que uno no se aprende ni se discute. Cuídese de aquel que siempre sonríe y asiente. No es alguien digno de amar.

Nina: (parafraseando a Chéjov con aire elocuente) Podría tener el don de la profecía y conocer los secretos y el saber, podría tener fe como para mover montañas, más si no tengo amor, no tengo nada. (Lebaine se ríe. Nina lo mira con perspicacia) No aplaste cigarrillos en los escalones. Manchará la madera. (Teje con frenesí).  

Cecilia: (abandona el juego y se acerca a su padre con un escarabajo en la mano) ¡Mira!

Nina: (con voz suave, impostada) No toques eso. Podría picarte.

Lebaine: Déjame ver. (Cecilia suelta el escarabajo en su palma abierta y vuelve con Ferbin, quien la está mirando y solo reanuda el juego una vez ella lo alcanza. Lebaine extiende la mano con una mueca para observar con distancia) 

Nina: Oh, mira esto (se inclina para ver mejor) Gracia de Dios, un lampírido.

Lebaine: Pensé que se trataba de una piedra iridiscente, ¿qué tiene?

Nina: Una luciérnaga de las que creí extintas. Anuncian la llegada de un cambio.

Lebaine: Nada para lo que usted no esté preparada.

Nina: ¡Pues claro, hay flores de sol entre los girasoles! (Continúa tejiendo, despacio)  Gracias por estar conmigo.

Lebaine: ¡Bah!

IV

(Es la madrugada. Nina y Lebaine esperan en el pórtico. Se oye la fauna nocturna). 

Nina: (parafraseando a Chejov en voz baja, le cuesta recordar las palabras) Si el hombre… está provisto de razón y fuerza creadora que sirve para multiplicar los frutos… los frutos de la naturaleza que lo rodea pero no hace sino destruir… entonces cada día habrá menos árboles, el clima empeora, la tierra se seca… la tierra se seca… el hombre no come.

Lebaine: Silencio, el murmullo me distrae. (Nina se endereza y se frota las manos). Tampoco se moleste, que no es bueno para la presión arterial. (Nina no contesta. Se lleva una mano al cuello, sujetando la cruz) De poco servirá ese abalorio. (Hace una pausa) ¿Sabe que dije a mi mujer cuando nos conocimos? "Te haré mi esposa. Mañana nos iremos cerca del muelle donde tengo una hacienda arrendada." Haremos esto y aquello… Me sentí satisfecho al observar que la pobre tenía una voz cuando se quejó de la calidad de las sábanas. Era otro momento de mi vida donde importaban los negocios y el amor era una casualidad.

Nina: El amor siempre es una casualidad. (Suspira) Para relatarme su dicha… mejor me hubiese dejado seguir recitando.

Lebaine: Usted obedeció. (Nina se estremece, prepara la escopeta y alza la barbilla, con la mirada llena de rabia) ¿No es verdad, que llegué a tiempo? Sí, hay que darle las gracias al buen tiempo ya que pude atravesar el monte sin quedar estancado en el barro.

Nina: ¡Gracias sean dadas a Dios!

Lebaine: Ojalá su sobrino dejase de molestar a Kel con un rezo.

Nina: Mi Ferbin abre las trampas, nada más.

Lebaine: Debe admitir que el perdigonero tiene un poco de razón. 

Nina: ¿A quién defiende, guardabosques?

(Lebaine se tambalea y busca a tientas la pistola. La extrae de la funda) Una noche hace ya varios años, regresó mi padre después de una hora de inusitada ausencia. Los ojos le brotaban de las órbitas por el susto. En la habitación habría alrededor de media docena de hombres reunidos, de modo que sus palabras fueron oídas y atestiguadas. Se quitó la nieve de los hombros, comió, bebió, recuperó el calor del cuerpo y sus facultades. Entonces nos relató lo que había visto. Una criatura gigante, de piel profunda, fornida. Podría liberarse por su cuenta de las trampas de Kel.  

Nina: Habrá sido un oso. 

Lebaine: (encogiéndose de hombros) Él tiene vista corta pero puede diferenciar un animal de otro. Estuvo aquí durante veinte años y nunca vio nada igual. Descubrió las huellas en invierno, durante mi primera expedición. Conducían a nuestra hacienda, como si nos vigilara.

Nina: ¿Por qué me cuenta esto? ¿Qué insinúa?

Lebaine: (la mira) No insinúo nada. Es que no tiene la suficiente habilidad (titubea) Si, lo que dije, los animales que Kel quiere atrapar lo detectarían con su agudo olfato. (Piensa en voz alta) Es que los dientes de acero se cierran con una presión de trescientas libras de fuerza, tendría que soltar la traba y abrirlos con una fuerza inversa equivalente…toda una hilera de trampas, sin desgarrar, sin caer en ellas. (Se agarra la cabeza) ¡Que fastidio esa música!

Nina: (con preocupación) No entiendo.

Lebaine: ¡Yo sí! ¡Si me hubiese dicho la razón por la que Kel está persiguiendo al muchacho! Su sobrino no es capaz de abrir las trampas. Es un espíritu  del boque lo que anda soltando a las liebres (Se cubre los oídos) Mis disculpas si no me oye debajo de esta música espantosa…

Nina: No hay ninguna música más que los cantos habituales de la noche. (Lo sacude) ¡Basta! ¡Que no hay música! Mi Ferbin casi muere envenenado cuando no a tiros, para que usted se llene la boca con nombres de druidas y espíritus.

Lebaine: (baja las manos) Es real.

Nina: (con tono escéptico) Entonces, ¿por qué no lo cazaron?

Lebaine: Nunca di con él. Y eso que probé diferentes venenos. Uno de ellos era tan poderoso, que bastaba una gota para producir la muerte. Ensayé la estricnina en cápsulas de gelatina y las introduje en bloques de grasa de civeta, herví las trampas en caldo durante horas, usé guantes y pinzas de acero para asir las piezas. Los animales no detectaban mi olor y caían con facilidad. El espíritu no puede ser atrapado, no está del todo en el reino tangible.

Nina: Que extraño es que la bestia haya vencido al hombre.

(El guardabosque se arrima a ella con discreción) 

Lebaine: ¿Verdad? Éramos muchos, la fauna abundaba…Era un niño pero lo recuerdo con lujo de detalles. (Sus ojos se vuelven en la dirección al campo de girasoles). Mi padre encontró las huellas impresas en la nieve todavía blanda, y más concienzudamente que nunca, las examinó. (Encuentra la mirada de Nina y la sostiene) Su expresión denotaba que había hecho un descubrimiento terrible y maravilloso. (Sacude la cabeza) La música no para… mire, cuando pase el peligro, le devolveré la pistola. Necesito una mano libre para protegerme de esa música o me volverá loco. (Nina lo mira con seriedad) 

Nina: ¿Por qué un hombre tan inteligente como usted se inclina por las creencias fantásticas?

Lebaine: En las noches el tejido de nuestro mundo y el del Espíritu se entremezclan. Nadie excepto los girasoles sabe lo que tiene lugar en el bosque.

Nina: Los girasoles duermen. Se miran los pies. 

Lebaine (disiente con brusquedad) Los girasoles siempre miran hacia el sol. El Espíritu les susurra donde está. 

(Astro empieza a ladrar en la lejanía. Retumba un disparo y los ladridos son interrumpidos por un aullido de dolor. Kel aparece y llama a Ferbin a los gritos. Nina da un paso al frente)  

Nina: (en voz baja) Los niños están dentro.

Lebaine: Deje, yo me encargo. 

Kel: ¡Señora! ¡Pague el mal que hizo!

Lebaine (mientras habla desciende la escalera): La ambición es el detonante de toda guerra. ¿Le parece arreglar esto entre nosotros y dejar en paz a esta pobre familia? 

Kel (le apunta) No, ¿quién es usted? Que el muchacho de la cara y me pague, ¡o lo reviento! 

Lebaine: ¿No me reconoce? ¿Este arrebato suyo lo tiene desmemoriado?

(Kel da un paso atrás con realización)  

Lebaine: ¡Tal es la atracción del oro! ¡Tales son las chispas que la vista del oro intacto arranca del fuego latente que guardan en el pecho los hombres! Cada brizna, cada inmundo pedazo del veneno dorado fue examinado, tamizado, triturado para que derramemos sangre por él. Es oro sin alma, mi  amigo… (Ferbin sale corriendo de la casa. Nina grita su nombre. Kel apunta. Lebaine dispara y el perdigonero suelta el arma con un alarido. Ferbin atraviesa el campo de girasoles y sale de la escena. Nina lo sigue)

Cecilia: (aparece en la puerta de la casa) ¡Ferbin!

Lebaine: (La cubre con su brazo libre) ¡No te asomes! ¡Está ciego de ira!

Kel: ¡Maldito guardabosques me hirió a traición! (levanta el arma con torpeza y avanza en la misma dirección que Ferbin y Nina. Trastabilla, se recompone y sale de la escena. Lebaine le apunta pero no dispara).  

Lebaine: No puedo matar a un hombre por la espalda.

Cecilia: ¿Qué hacemos?

Lebaine: Busca al ovejero herido que yace entre las retamas. ¡No me sigas!   





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